En mi recorrido de vuelta no tenía programada ninguna parada. Mi único objetivo era llegar a casa cuanto antes. Me resulta curioso echar de menos un sitio en el no había vivido ni un año y en el que tampoco había gente con la que tuviera lazos afectivos muy fuertes, pero el hecho es que estaba deseando volver a Chiang Mai.

Mapa Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai
Llenar el depósito me costaba unos 100 baths y me permitía hacer unos 100 km, así que al principio las únicas paradas que hice fueron para repostar. Al haber salido de Phetchaburi bastante tarde se me hizo de noche en seguida y, aunque mi empeño era pasarme toda la noche conduciendo, tuve que tomarme un descanso. Dos factores contribuyeron a ello. El primero, que casi reviento la moto o tengo un accidente varias veces. Las carreteras de Tailandia, por lo general, me parecieron bastante decentes para lo que esperaba encontrarme. Pero por la noche, y según en que sitios, había unos socavones y bloques de asfalto tremendos. Lo de los socavones lo entiendo, pero el hecho de que dejen unos tochos que casi parecen bolardos no me entra en la cabeza. Eran muy esporádicos, igual me encontré menos de 10 en todo el camino. Por suerte sólo me di con uno de los más pequeños, pero alguna vez pasé rozando uno grande que si llego a impactar con él es imposible que lo hubiera pasado por encima; hubiera reventado la rueda seguro. Y estar en mitad de la noche en un sitio remoto de Tailandia con una rueda destrozada no es el mejor de los pasatiempos.

Como la iluminación de la mayor parte de las carreteras es mala, escasa o nula, algunas veces era difícil evitar las trampas del camino, así que tras pegar un par de veces unos botes que ni el coche fantástico, y dar un par de golpes contra el asfalto que sonaron como si se hubiera partido la moto por la mitad, decidí echar una cabezada en la siguiente gasolinera decente. Debido al cansancio cada vez era más peligroso encontrarme con un bache, y todavía me quedaba una gran distancia que recorrer hasta llegar a Chiang Mai. Tuve suerte y encontré una gasolinera inmensa en la que había un área de descanso enorme, con bancos, mesas, tumbonas… de todo. Así que después de recenar, me agencié una de las mencionadas tumbonas y disfruté de un plácido descanso. Si hubiera estado en España (o en el sur de Tailandia) me habrían robado todo mientras dormía, menos mal que en el norte el 99% de la gente es más decente.

Al despertar, y teniendo todo un día por delante para completar lo que me quedaba de camino, decidí pararme a ver algún lugar turístico. En el típico mapa de carreteras de Tailandia que venden en cualquier Seven Eleven vienen marcados un montón de sitios de interés y, tras pasar la ciudad de Tak, aproveché que había un templo y un “lugar de interés arqueológico” muy cerca de la carretera principal para hacer una parada.

Lo primero que visité fue la Chedi Yutthahati. Si bien la pagoda en sí no me pareció tener nada de peculiar, sí resultaban curiosas las figuras que habían colocado alrededor:

ChediYutthahathi Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

Esta pagoda fue construida para conmemorar la victoria del rey Ramkhamhaeng sobre Khun Sam Chon, gobernante de Mae Sot.

PagodaAnimales Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

El zoo al completo detrás de la pagoda

PagodaSoldados Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

Figuras de soldados custodiando no sé muy bien el qué.

ElefanteTemploTailandia Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

No había mucho más que rascar por allí, así que me dirigí al templo; el Wat Phra Boromathat, que estaba abarrotado de colegiales.

WatPhraBoromathat Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

SueloTemploTailandes Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

Muy original la composición con las baldosas

WatPhraBoromathat2 Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

Aparte del paseo a los dos sitios mencionados y comer algo, no invertí más tiempo por aquellos lares y volví a coger la moto hasta que pasado un buen rato me tope con este cartel

Serpiente y monje Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

y esta estatua de Buda a lo lejos

BudaLamphang Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

Decididamente había que visitar aquel sitio que, o bien no estaba en el mapa, o yo no sabía ubicarlo. Detrás de las grandes efigies doradas de Buda y los monjes, unas escaleras subian hacía una cueva. Desde fuera se veía que la cueva estaba llena de murciélagos y, entrando un poco, se les veía por allí revoloteando.

Murcielagos Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

Los puntos negros de la pared son murciélagos

CuevaMurcielagos Recorriendo Tailandia en moto: regreso a Chiang Mai

A los pocos metros de bajar por la escalinata que se ve ahí, había que pasar por un hueco de un metro de alto infestado por los amigos de Batman

No había ni Dios y desde la entrada no podía discernir por donde transcurría el camino por allí dentro. Además me daba mal rollo tener a cientos de murciélagos volando a mi lado, así que no me atreví a investigar. Y, aunque no soy supersticioso, para no arrepentirme por gallina, una amiga thai me tradujo lo que rezaba un cartel que había por allí al cual eché una foto.

Al parecer la cueva “tenía poderes” y en aquel cartel se relataban varias historias, como la de que alguien robó una estatua de Buda de allí y murió a los pocos días, o la de dos parejas que habían mantenido relaciones sexuales allí dentro y corrieron la misma suerte que el ladrón. También rezaba el cartel que según dos ancianos/sabios del lugar, si pasabas tiempo dentro de la cueva sin ser un buen budista y tener la mente limpia, te iban a pasar cosas malas.

Sin haber puesto a prueba la pureza de mi mente en aquella cueva  seguí rumbo a mi casa. Cuando era pequeño y, tras un largo viaje, llegábamos a las afueras de mi ciudad, había un punto que al pasarlo sentía que “ya estaba en casa”. Ahora en Chiang Mai me pasa lo mismo. De verdad que siento esta ciudad como mi hogar. He tardado meses en contar este viaje en el blog, y casi que lo agradezco porque ahora que ha pasado tiempo vuelven los buenos recuerdos de aquel viaje al escribir estas líneas y repasar las fotos.

Tengo otros dos viajes pendientes de relatar, uno a Pai y otro a Macao, y a ellos dedicaré las próximas entradas.

Tras dejar atrás la lluvia apocalíptica, tomé la decisión de pasar la noche en Phetchaburi (también conocida como Phetburi) y pegarme el palizón al día siguiente casi sin parar. Resulta curioso que no echo de menos España y no siento la necesidad de volver, pero tras sólo un par de semanas fuera de Chiang Mai ansiaba volver a casa. Debido a esto, no me planteé visitar muchos sitios durante el camino de vuelta. Ya habría tiempo de hacer otro viaje por el estilo y ver otras zonas de Tailandia.

Una vez llegado a Phetchaburi me fui a una de las guesthouses más baratas que había (Rabieng Rimnum) y, sin saber como serán las otras de la misma categoría, creo que acerté de pleno. El ambiente que me encontré en el lugar parecía el de una película estilo “La Playa”, y el sitio podría ser donde conoces a tu futura compañera de cama y aventuras mientras desayunas, o a un loco en la cena que te cuenta una leyenda del lugar que acaba convirtiéndose en realidad. Antes de acostarme di una vuelta por los alrededores pero aquello estaba muerto, lo cual me vino bien porque me fui pronto a dormir y pude madrugar.

Y así lo hice, me levante bien temprano decidido a ver el mayor número de cosas posible antes de comer y hacerme una kilometrada lo más larga posible el resto del día. En la guesthouse me dieron un mapa muy práctico con los sitios de interés, y lo primero que me lancé a visitar fueron las cuevas. Craso error. Y es que me levanté demasiado temprano, con lo cual el sol no está alto y la luz que entra en dichos lugares es casi nula. Aún así, a pesar de no poder hacer ni una foto en la cueva de Bandai-It (mi cámara no da para mucho y apenas podía ver nada), sí que pude sentir una energía especial en el lugar. Creo que los monjes no eligen sitios al azar para meditar o establecer un templo. Hasta daba un poco de yuyu andar por allí, ya que no veía a dos palmos de mis narices.

EscalerasTemploTailandia Recorriendo Tailandia en moto: Petchaburi (Phetburi)

Escaleras que me chupé en balde buscando la entrada a la cueva.

Los siguientes objetivos eran Phra Nakhon Khiri y Khao Wang, que son un templo y el palacio de un antiguo rey y están en lo alto de dos colinas adyacentes. En la Lonely Planet advertían de la dureza de la caminata hasta lo alto, pero yo al llegar allí me paro en la entrada y veo que pasan dentro un par de motos, así que hago lo propio. Al llegar arriba me encuentro con que hay una especie de entrada que da al otro lado de la colina, y hay un grupo de chinos a los que les están cobrando. Pregunto como se entra a la zona chula y me dicen que todavía no está abierto, que abren unos 20 minutos más tarde (pero no me hace pagar ni nada como a los otros). A los cinco minutos de deambular entre los turistas chinos viendo el resto del lugar, me viene uno de los de seguridad a decirme que no puedo tener la moto ahí arriba, que es peligroso subir hasta allí con la moto por la gente que sube y baja andando y que la tengo que sacar. Vienen otros dos compañeros y me “invitan” cogiéndome uno de ellos del brazo a bajar la moto de allí. De camino abajo veo un sitio que tiene pinta de ser en el que está “la foto”, esa donde salen las mejores vistas. Pues me bajo de la moto y al dar dos pasos hacia el mirador me empieza a gritar otro segurata desde abajo:

  • Pae leo!
  • Just one picture!
  • Pae leo! Mecagüentuputamadreespañoldeloscojones!*
  • Venga, vale, pues nada

* Traducido del tailandés.

Al pasar al lado de la garita que hay en la entrada al pie de la colina me echan unas miradas asesinas. No me podían haber dicho que había que pagar abajo o que no podía pasar con la moto, me tenían que largar de malas maneras que eran totalmente innecesarias (ni que me fuera a resistir). Total que me fui de allí con mal rollo y ni pensé en volver cuando estuviera abierto, no me sentía a gusto en aquel lugar.

Phra Nakhon Khiri Recorriendo Tailandia en moto: Petchaburi (Phetburi)

Khao Wang y Phra Nakhon Khiri

Tras el mal sabor de boca me di una vuelta por el centro de la ciudad, visitando algunos templos, el más importante de los cuales es el Wat Mahathat.

Phetchaburi1 Recorriendo Tailandia en moto: Petchaburi (Phetburi)

Wat Mahathat

Por último tocaba visitar la otra cueva, la de Khao Luang, que está en las afueras de la ciudad. Al llegar a las inmediaciones de la cueva se pasa por un camino que está lleno de monos. Parece ser que Lopburi no tiene la exclusiva en Tailandia, aunque son los que más partido han sacado de nuestros primos lejanos.

Uno de los guardianes de Kh Recorriendo Tailandia en moto: Petchaburi (Phetburi)

Uno de los guardianes de Khao Luang

Todavía era temprano pero esta cueva era mucho más grande que la otra y ya había mucha más luz, así que estuvo más entretenida la visita.

Elephant Khao Luang Recorriendo Tailandia en moto: Petchaburi (Phetburi)

Khao Luang Chedi Recorriendo Tailandia en moto: Petchaburi (Phetburi)

Uno que se murio esperando Recorriendo Tailandia en moto: Petchaburi (Phetburi)

Uno que se murió esperando

Khao Luang Recorriendo Tailandia en moto: Petchaburi (Phetburi)

Y eso fue todo en Phetchaburi. Emprendiendo el camino de vuelta sopesaba la posibilidad de hacerme todo el recorrido del tirón hasta Chiang Mai sin parar a dormir. Sería toda una hazaña, pero dependía de lo que me deparara el camino…

 

Tras Ko Phangan, iniciábamos la vuelta atrás, regresando en primer lugar a Ko Tao, donde mis amigos españoles iban a aprovechar para hacer un curso de buceo, ya que la isla tortuga es uno de los mejores y más baratos enclaves del planeta para realizar dicha actividad. Como consecuencia de este hecho, Ko Tao está plagado de empresas que ofrecen cursos de submarinismo, y el número de instructores españoles es notable para estar en un sitio tan alejado de España en el que no se habla castellano.

El tiempo seguía sin acompañarnos y encima el mar estaba lleno de una sustancia que parecía alquitrán y olía fatal (creo que era algo que suelta el coral), pero aún así conseguimos apurar unos ratos sin lluvia que aprovechamos para buscar una playa que estuviera limpia, para lo cual tuvimos que colarnos en una zona privada de un resort.

Resort Koh Tao Recorriendo Tailandia en moto: Ko Tao

Y aquí, en una pequeña cala, los dos que no nos habíamos apuntado al buceo, hicimos la versión light: snorkel.

Buceo Ko Tao Recorriendo Tailandia en moto: Ko Tao

Snorkel Ko Tao Recorriendo Tailandia en moto: Ko Tao

Por las noches, el sitio que estaba de moda y al que nos dirigimos varios días fue el Lotus Bar, en el que tienen montado un rollo chill out en la arena de la playa. También tienen a los típicos thais haciendo malabares con fuego para asombro de los guiris (igual tengo amigos demasiado hippies, pero todo los trucos que hacen se los había visto ya en España a gente a la que no le pagan por hacerlos, así que a mí no me dicen mucho). Al que deberían haber contratado fue a uno de los nuestros que, si no fuera porque el cuerpo no le acompaña, sería el go-go definitivo. Gracias a él, una de las noches que se puso a llover y en las que se hubiera vaciado el garito, terminó con un montón de gente bailando bajo la lluvia en la playa.

Mientras estuvimos en la isla, mi colega que también vive en Tailandia tuvo que ir a hacer el mismo visa run a Ranong que ya me había chupado yo días antes, y su moto dijo basta. Así que en el puerto de Chumpon la dejó abandonada, sin saber que hacer con ella, aunque tras unos días no hizo falta que pensará más en ello…

Y es que la lluvia no nos daba tregua y cada vez tenía peor pinta el asunto, así que los que no pasábamos el día buceando teníamos pocas alternativas de ocio. Yo ni siquiera tenía portátil, así que ni currar podía. Dado el panorama, decidí que sería el primero en abandonar la isla, ya que no me aportaba mucho seguir allí y además era el único que tenía pensado volver en moto a Chiang Mai. Así que allí los dejé, disfrutando del buceo mientras me pegaba otra paliza para atravesar Tailandia por segunda vez.

Justo el día que inicié el viaje tuve que soportar un temporal impresionante hasta que llegué a la altura de Hua Hin, donde las condiciones climatológicas mejoraron sustancialmente. Sin embargo, mis amigos sufrieron dicho temporal en toda su plenitud, hasta el punto que no pudieron abandonar la isla durante varios días a pesar de los esfuerzos del gobierno tailandés por evacuar a la gente con portaaviones y helicópteros incluidos. Cuando al final consiguieron salir, el que había dejado la moto en Chumpon ni se molestó en buscarla, ya que se había inundado el lugar donde la dejó y a saber por donde andaría ahora el aparato.

Al final, unos antes y otros más tarde de lo previsto, todos abandonamos Ko Tao, la última parada de la gran aventura que habíamos disfrutado juntos: atravesar Tailandia en moto (y vaya motos, el doble de mérito tenemos).

Adios Islas Tailandesas Recorriendo Tailandia en moto: Ko Tao

Adiós, islas tailandesas!

La mañana anterior a la Full Moon Party decidimos dedicar el día a visitar cascadas y otras playas, aunque el tiempo no acompañaba y estaba muy nublado y amenazaba con llover, o más bien diluviar, que es como se estila aquí normalmente. Pero como los tenemos cuadrados, salimos a la caza de la típica cascada idílica que sale en las pelis. Lamentablemente no encontramos nada ni remotamente parecido, y más estando mal acostumbrados a la multitud de cascadas en enclaves preciosos que hay en Tailandia. Tras la decepción, decidimos ir a las playas del norte, pero debido a la lluvia sólo pudimos disfrutar de las vistas y de una estupenda comida y unos tremendos batidos junto a la playa.

View Point Ko Phangan Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

En la palmera y ese cielo tan despejado se puede apreciar el buen tiempo que hacía.

Tras llenar el buche volvimos a retomar nuestra búsqueda de la cascada prometida y llegamos a un sitio que prometía, ya que tenía el rango de parque nacional (aunque en Tailandia los parques nacionales crecen como setas) y el sitio estaba preparado acordemente. Aunque no llegamos a cumplir todas nuestras expectativas, sí que pudimos darnos un chapuzón casi en lo alto del todo, en un pequeño estanque en el que desembocaba una de las cascadas. Además había peces del estilo a los que te hacen “peeling” de pies en los spas.

Cascadas Ko Phangan Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

El cartel prometía, lástima que luego el sitio defraudara.

Koh Phangan Forest Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

Phaeng Noi Waterfall Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

Al terminar la excursión volvimos a nuestras habitaciones pensando en hacer una salida nocturna ligera, sin derrochar energías pero acostumbrando el cuerpo al horario fiestero para la Full Moon Party del día siguiente. Cogimos las motos y nos pusimos en marcha a ver si encontrábamos algún garito al azar, pero lo que encontramos fue un francés quedadísimo andando por en medio de la carretera, nos dió la chapa un rato y cuando nos quisimos dar cuenta le teníamos de paquete en una moto. Después de deambular un rato sin encontrar ni rastro de fiesta nos paramos en un cruce a sopesar las opciones, el francés quería que le lleváramos a un lugar bastante alejado pero pasamos de él y se quedó allí sentado en mitad de dicho cruce, mientras nosotros seguimos guiados por nuestra intuición y llegamos a un sitio llamado reggae village. No es que hubiera un ambientazo, pero la música y la camarera sueca eran más que suficiente para alegrarnos el rato.

Uno de los nuestros estuvo a ver si se la llevaba al huerto pero desde el principio se veía que las odds estaban muy en su contra. Además la muy hija de su madre les clavó por un mísero canuto, aunque claro, la culpa es de quien lo compra. Total que allí estuvimos apurando hasta que cerraron el chiringo y al salir resulta que… “me han robado las chanclas!” Mira que en Tailandia se acostumbra a dejar el calzado a la entrada de muchos sitios, pues tras casi un año de estar aquí me roban el calzado por primera vez. Bueno, no pasa nada, son sólo las chanclas. Ah, no, espera, que la moto no arranca! Pues a tomar por culo. Sin chanclas, con el suelo mojado de haber llovido todo el día, a oscuras porque se había ido la luz por la tormenta y encima me toca subir una cuesta de la muerte andando porque una de las motos no puede con dos a la vez. En fin, hay gente que lo pasa mucho peor en el mundo.

Y llegó el día de la fiesta padre. Por la mañana continuaba lloviendo, y nos temíamos lo peor. Después del épico viaje que nos habíamos pegado no podía ser que la lluvia nos estropeara el colofón. Tras comer y reposar antes de la batalla, nos dirigimos a la fiesta sobre las siete de la tarde, hora que puede parece muy temprana, pero había gente allí desde las 4 y además nos teníamos que cruzar toda la isla, que no era moco de pavo teniendo en cuenta el estado de las carreteras y la marabunta de gente.

El tramo de carretera previo a la zona de la fiesta es simplemente brutal, con unas cuestas que son el terror de cualquier ciclista. Si vais dos en una moto, a uno le va a tocar bajarse por el camino en más de una ocasión. Avisados quedáis.

Full Moon Party Entrance Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

Una vez en la playa tras pagar los 100 bath de la entrada, impresionados quedamos con la cantidad de gente. Hay nosecuantos garitos en primera línea de playa, cada uno con diferente estilo de música, y todo el mundo allí a mogollón. Una de las cosas más práticas era lo cerca que estaba el baño, cosa de agradecer en este tipo de eventos masificados. Además no hay que hacer cola; das de diez a veinte pasos y cuando estás un poco metido en el mar ya sólo queda sacar la manguera.

Equipo de fiesta Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

Whisky, red bull, coca cola y un cubo. ¿Pa qué quieres más?

Pues allí estuvimos bailando, bebiendo, y meando en el mar hasta que acabamos reventados. A los dos que osamos cerrar la Jungle Experience nos pasó factura el esfuerzo, y poco antes de las 6 de la mañana abortamos la misión. Nuestro amigo alemán ya había hecho la suya de irse el primero y el cuarto del equipo se quedó allí apurando hasta el final. A pesar de no clausurar también esta fiesta, nos lo habíamos pasado en grande y la lluvia nos respetó y no hizo acto de presencia. El día que aprenda a comprimir los videos mastodónticos que hace mi cámara, subiré un par de gente tirandose por columpios con fuego a los lados y otros saltando por aros ígneos.

Despedida y cierre Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

El día siguiente nos lo tomamos con muchísima tranquilidad, disfrutando de las últimas horas en las playas de Ko Phangan y ya con la mente puesta en el lugar donde pasaríamos nuestros últimos días juntos: Ko Tao, la Isla Tortuga.

Mar Koh Phangan1 Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

El viejo y el mar Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

Playa Koh Phangan1 Recorriendo Talandia en moto: la Full Moon Party en Ko Phangan

Page 1 of 1112345»...Last »